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Canadá, Miranda Wang y Jeanny Yao, desarrollaron un proceso que usa un solvente que primero disuelve el plástico y luego lo elimina con enzimas. En la actualidad, usamos el plástico para muchísimas cosas; sin embargo, después de su uso, lo tiramos sin saber específicamente el lugar en donde termina. Sin darnos cuenta, termina en todos lados, principalmente en los océanos. Esto ha generado un impacto negativo en el planeta, afectando ecosistemas y estilo de vida de animales. Por ello, se ha reforzado la invitación a generar consciencia acerca de la contaminación en el planeta y fomentar las tres R’s ecológicas –reducir, reusar y reciclar–. 

Una serie de estudios ha puesto por delante la teoría de que el trabajo producido por humanos será sustituido por máquinas cada vez más inteligentes, lo que conducirá al ser humano a la irrelevancia. ¿Quién no ha oído hablar de los coches que se auto-conducen, las máquinas que diagnostican enfermedades o incluso los robots que identifican emociones? ¿Es el progreso de la inteligencia artificial el fin de la inteligencia humana? En otras palabras, ¿será el último invento que tendrá que realizar el ser humano una máquina más inteligente que el más listo de los humanos, para que ésta pueda seguir inventando a futuro?Aunque muchos de estos estudios tienen visos de ciencia y economía-ficción, todos ponen de manifiesto las implicaciones que estos fenómenos pueden tener para el devenir de nuestras sociedades. Así, por ejemplo, dependiendo de si las máquinas son capaces de sustituir solo al trabajo poco calificado, calificado o todo el trabajo, se darán consecuencias distributivas distintas, pero en todos los casos presumiblemente de gran magnitud, por lo que los países deben ir preparándose. Hasta ahora, la máquina ha sido capaz de sustituir un montón de personas en trabajos rutinarios llevando a algunas profesiones casi a su extinción. ¿Quién se acuerda hoy de los operadores telefónicos o los mecanógrafos? Pero lo que pronostican Brynjolfsson y A. McAfee en su último e influyente libro La segunda era de las máquinas es que este proceso se acelerará a futuro. Así, no solo personas con trabajos rutinarios y/o de baja calificación, sino muchos trabajadores calificados (traductores, analistas de datos, gestores...), serán potencialmente reemplazados por máquinas. Existe un vigoroso debate acerca de cuán factible es ese escenario. Un aspecto importante es si el hecho de que el sector de la computación esté aumentando su capacidad de forma exponencial se traducirá en cambios en el agregado de la economía. Un ejemplo histórico ayuda a entender este fenómeno: a finales del siglo XIX, la producción de velas era un sector importante para la economía, mientras que cien años después la producción de iluminación se convirtió en un sector con un peso casi irrelevante. ¿Por qué? Porque la capacidad de iluminar ha crecido muchísimo pero la demanda de productos de iluminación no se ha incrementado al mismo ritmo. Ese fue un proceso que también sufrió -y en muchos países sigue sufriendo- la agricultura. Dado que el sector agrícola es capaz de producir mucho más que en el pasado, se necesita menos gente para alimentar a las sociedades, gente que puede trabajar en otros sectores. De acuerdo con estos ejemplos, la pregunta entonces es si el sector de la computación tendrá más o menos relevancia en el futuro. Relacionado con lo anterior, otro aspecto importante a considerar es qué tan rápido están ocurriendo estas transformaciones y qué peso tienen ya en la economía en su conjunto. Si bien los ejemplos son muy sugerentes, los datos en el agregado no muestran todavía un cambio importante en el crecimiento de la productividad, quizá porque aún suponen una parte pequeña de las economías. Qué tan rápido ocurra el cambio a futuro determinará la capacidad de las sociedades de ir ajustándose a estos procesos. Finalmente, quizá el aspecto más importante a resaltar y difícil de predecir es hasta qué punto las máquinas serán complementarias o sustitutivas del trabajo y para qué tipos de trabajo. Hasta la fecha, la inteligencia artificial ha sido capaz de suplir muchos trabajos rutinarios, pero no ha podido sustituir muchos trabajos en el sector servicios (ej. salud, cuidado de infantes y adulto mayor, maestros y profesores) cuyo peso relativo en empleo ha crecido. Es fácil imaginar un futuro donde las máquinas produzcan otros productos, pero ¿podrán cuidar a un niño, a un anciano, o enseñar? Asimismo, hay todo un grupo de profesiones que se han beneficiado mucho del desarrollo de la computación. Es muy probable que la emergencia de maneras más poderosas de computación suponga la aparición de nuevas ocupaciones ahora inimaginables que supongan nuevas fuentes de empleo.

¿Quiénes se podrán beneficiar? Sin duda, se trata de preguntas muy importantes.

Quizá una máquina las podrá contestar pronto.

Jack Ma es el creador de Alibaba, el gigante del comercio electrónico. Atravesó un sinfín de fracasos académicos y laborales, y los superó gracias al modelo de su héroe en el cine. Perseverancia y ambición del hombre que cobraba 20 dólares al mes y hoy lidera el selecto grupo de los hombres más ricos de China. Vio la película más de 10 veces. Cada vez que se siente frustrado, que el camino a transitar presenta dificultades, recurre al film. Encuentra inspiración en Forrest Gump. En el hombre, de escasas luces encarnado por Tom Hanks, que se convierte en héroe de guerra y en deportista consagrado. Antes de viajar a Nueva York, en 2015, para asistir al Foro Económico Mundial de Davos, la vio otra vez.
 
Inmiscuido entre trajes y gestos adustos, Jack Ma reconoció en una entrevista durante el Foro: "Me encanta Forrest Gump. Es una persona sencilla que nunca se rinde. La gente piensa que es tonto, pero él sabe lo que está haciendo. La gente debe tomarlo como ejemplo. Cuando lo vi, pensé: este es el hombre del que voy a aprender".
 
Forrest Gump se estrenó en 1994. Jack Ma, que hoy tiene 52 años, por ese entonces, navegaba entre fracaso y fracaso. Desde su adolescencia, Ma Yun -su nombre en mandarín- mostraba dificultad. Fue un pésimo estudiante. En la primaria, reprobó exámenes clave que pusieran en jaque su ingreso al nivel secundario. Lo logró, con penurias, y nuevamente la secundaria le costó.
 
Fiel a su costumbre, buscó la universidad más requerida del mundo. Harvard se volvió en su obsesión. Lo intentó una y otra vez. En el examen de ingreso, jamás tuvo éxito. Lo rechazaron 10 veces y eso decantó un cambio de rumbo. Al notar su facilidad con los idiomas extranjeros, volvió a su China natal -donde fue criado bajo el estricto régimen comunista- y se graduó en la Universidad Hangzhou en Letras Inglesas.
 
En el interín de su etapa universitaria, buscó trabajo. Su suerte, en ese momento, tampoco cambió. Rechazaron su solicitud de 30 empleos diferentes. Intentó ser policía y en la academia se burlaron de él. Entre 24 postulantes a un empleo menor en la cadena de comida rápida KFC, fue el único excluido. Una vez que consiguió trabajo en McDonald's lo echaron a los pocos días por no cumplir las expectativas. Desistir, para Ma, no era una opción.
 
Luego de tantos vaivenes, por fin consiguió un empleo estable. Ya recibido, comenzó a dar clases de inglés por 20 dólares al mes. El ingreso, irrisorio, no le permitía solventarse. Fue en 1994, el mismo año que se estrenó Forrest Gump, que Ma se comenzó a interesar por Internet. Vio un potencial negocio en ese entonces nicho. Por eso, fundó China Yellow Pages, una compañía destinada a crear sitios web a otras empresas que, a lo largo, de tres años, produjo una ganancia cercana al millón de dólares.
 
No contento con eso, Jack Ma quería más. En un viaje a Estados Unidos, una idea invadió su cabeza. Tras el intento fallido de encontrar su cerveza favorita, la Qingdao, en los bares norteamericanos, pensó que debería crear una empresa que estrechara comercialmente al mundo. Su plataforma sería Internet. El nombre de la empresa sería Alibaba, por su sonoridad mundial. El inconveniente: los inversores.
 
"No importa lo que hagas, independientemente del éxito o el fracaso, la experiencia es una forma de éxito en sí misma -repite hoy Jack Ma-. Tenés que seguir intentándolo, y si no funciona, siempre podés volver a lo que estabas haciendo antes". Bajo esa premisa, en 1999, reunió a varios de sus amigos. Los sorprendió con la osadía de la propuesta y consiguió un capital inicial de 50 mil dólares.
 
El living de su casa se transformó en la oficina. La nueva start-up que pretendía, en un principio, vincular fabricantes chinos con empresas internacionales bajo un método de calificación de vendedores, en los primeros tres años no funcionaba. Otra vez el fracaso lo azotaba. Sin embargo, la idea comenzó a convencer a los empresarios locales. Al poco tiempo, Alibaba se convirtió en el referente del mercado business to business.
 
Jack Ma -emblema de perseverancia y la ambición, el Forrest Gump de los negocios- apostó por más y conquistó también el mercado de las ventas entre particulares. Alibaba pasó a ser Alibaba Group. El entusiasta proyecto se volvió un gigante de Internet con ganancias anuales de 300 mil millones de dólares anuales. Su fundador pasó de cobrar 20 dólares al mes a ser el hombre más rico de China con un patrimonio de 21.8 miles de millones.

 

"No importa todo lo que haya cambiado en el proceso. Cada uno es quien es. Yo sigo siendo el muchacho que, 20 años atrás, ganaba 20 dólares al mes". Jack Ma no olvidó sus inicios. Al igual que Forrest Gump, su héroe y modelo, corre. Más allá de los fracasos, corre. Más allá de los éxitos, corre.

Con la población del mundo consumiendo agua en cantidades récord y con la escasez de agua causando una serie de problemas geopolíticos y humanitarios, resulta cada vez más necesario aprovechar la tecnología para ayudar a satisfacer la demanda.Una solución cada vez más adoptada para afrontar la escasez de agua dulce es el tratamiento del agua salina por medio de un proceso conocido como desalación o desalinización.








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