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Información de interés

Siga estas pautas y no se exponga a perder su dinero por recibir billetes falsos. Y recuerde, si en algún momento tiene uno, llévelo al Banco de la República para que lo puedan estudiar y mejoren su calidad.
1. Estudie o revise bien un billete al momento de recibirlo. No tenga miedo ni vergüenza de informar tal situación porque si Usted intenta utilizar o “pasar” ese billete, consciente o no de que es falso, y es sorprendido, puede ser denunciado. 
2. Evite cambiar billetes a personas desconocidas, que estén de afán y/o en lugares no seguros. 
3. Compare un billete con otro cuando dude de la autenticidad de un billete; de esta forma es fácil detectar que alguna de las características de autenticidad está ausente en la falsificación. 
4. Acostumbrese a la textura y apariencia del auténtico; así podrá detectar fácilmente la imitación y saber cómo distinguir un billete genuino de uno falso. 
 
5. Conozca los signos correctos de seguridad. El Banco de la República señala algunas características de los billetes falsos (Circular Reglamentaria DTE No. 53 de octubre 8 de 2001): 
 
* El falsificador utiliza un papel comercial de gramaje, color y composición, diferente del auténtico. 
* Las imitaciones de los hilos de seguridad y la marca de agua se realizan generalmente mediante impresiones con tintas opacas. 
* Las falsificaciones imitan el hilo de seguridad introduciendo bandas de papel aluminio. 
* Los falsificadores no han podido imitar la impresión en alto relieve apreciable al tacto. 
 
6. Reclame inmediatamente ante el banco cuando un billete le ha salido falso. 
 
7. Siga este procedimiento en el evento de encontrarse frente a un billete falso, ya sea entregado por el cajero automático o recibido en oficina*: 
 
* Realizar el reclamo en la oficina de su banco. 
* Diligenciar un formato con los datos del sitio donde realizó el retiro, la denominación y la serie del billete. 
* Adjuntar el comprobante de retiro. 
* Presentar la reclamación en un tiempo límite. Consultar con la entidad este plazo, que es de aproximadamente tres días. 
 
8. Esté pendiente de la respuesta del banco, entidad que estará encargada de: 
 
* Verificar si el billete es realmente falso. 
* Comprobar si el billete fue dispensado por un cajero, confrontando si la serie y denominación del billete corresponde con las que se aprovisionó el cajero. 
* Verificar una marca especial que colocan algunas entidades financieras a cada uno de los billetes. 
* Analizar el perfil del cliente, para comprobar que el evento no ocurre más de una vez a la misma persona. 
* Abonar, finalmente, si es el caso, a la cuenta del cliente el valor del billete o será cambiado por la entidad financiera. 
 
9. Tenga en cuenta que la ley penal colombiana tipifica como delitos contra la fe pública, la falsificación y el tráfico de moneda falsa (artículos 273 al 278 del Código Penal – Ley 529 de 2000), y para detener la circulación de dichos billetes es deber de los bancos, los establecimientos comerciales y de los tenedores de buena fe, retener dichos billetes y entregarlos al Banco de la República. 
 
10. Al entregar al Banco de la República los billetes falsos, éstos se retiran de circulación, permitiendo además que dicha entidad efectúe estudios y análisis de calidad para mejorar los elementos de seguridad de billetes y monedas.

Una serie de estudios ha puesto por delante la teoría de que el trabajo producido por humanos será sustituido por máquinas cada vez más inteligentes, lo que conducirá al ser humano a la irrelevancia. ¿Quién no ha oído hablar de los coches que se auto-conducen, las máquinas que diagnostican enfermedades o incluso los robots que identifican emociones? ¿Es el progreso de la inteligencia artificial el fin de la inteligencia humana? En otras palabras, ¿será el último invento que tendrá que realizar el ser humano una máquina más inteligente que el más listo de los humanos, para que ésta pueda seguir inventando a futuro?Aunque muchos de estos estudios tienen visos de ciencia y economía-ficción, todos ponen de manifiesto las implicaciones que estos fenómenos pueden tener para el devenir de nuestras sociedades. Así, por ejemplo, dependiendo de si las máquinas son capaces de sustituir solo al trabajo poco calificado, calificado o todo el trabajo, se darán consecuencias distributivas distintas, pero en todos los casos presumiblemente de gran magnitud, por lo que los países deben ir preparándose. Hasta ahora, la máquina ha sido capaz de sustituir un montón de personas en trabajos rutinarios llevando a algunas profesiones casi a su extinción. ¿Quién se acuerda hoy de los operadores telefónicos o los mecanógrafos? Pero lo que pronostican Brynjolfsson y A. McAfee en su último e influyente libro La segunda era de las máquinas es que este proceso se acelerará a futuro. Así, no solo personas con trabajos rutinarios y/o de baja calificación, sino muchos trabajadores calificados (traductores, analistas de datos, gestores...), serán potencialmente reemplazados por máquinas. Existe un vigoroso debate acerca de cuán factible es ese escenario. Un aspecto importante es si el hecho de que el sector de la computación esté aumentando su capacidad de forma exponencial se traducirá en cambios en el agregado de la economía. Un ejemplo histórico ayuda a entender este fenómeno: a finales del siglo XIX, la producción de velas era un sector importante para la economía, mientras que cien años después la producción de iluminación se convirtió en un sector con un peso casi irrelevante. ¿Por qué? Porque la capacidad de iluminar ha crecido muchísimo pero la demanda de productos de iluminación no se ha incrementado al mismo ritmo. Ese fue un proceso que también sufrió -y en muchos países sigue sufriendo- la agricultura. Dado que el sector agrícola es capaz de producir mucho más que en el pasado, se necesita menos gente para alimentar a las sociedades, gente que puede trabajar en otros sectores. De acuerdo con estos ejemplos, la pregunta entonces es si el sector de la computación tendrá más o menos relevancia en el futuro. Relacionado con lo anterior, otro aspecto importante a considerar es qué tan rápido están ocurriendo estas transformaciones y qué peso tienen ya en la economía en su conjunto. Si bien los ejemplos son muy sugerentes, los datos en el agregado no muestran todavía un cambio importante en el crecimiento de la productividad, quizá porque aún suponen una parte pequeña de las economías. Qué tan rápido ocurra el cambio a futuro determinará la capacidad de las sociedades de ir ajustándose a estos procesos. Finalmente, quizá el aspecto más importante a resaltar y difícil de predecir es hasta qué punto las máquinas serán complementarias o sustitutivas del trabajo y para qué tipos de trabajo. Hasta la fecha, la inteligencia artificial ha sido capaz de suplir muchos trabajos rutinarios, pero no ha podido sustituir muchos trabajos en el sector servicios (ej. salud, cuidado de infantes y adulto mayor, maestros y profesores) cuyo peso relativo en empleo ha crecido. Es fácil imaginar un futuro donde las máquinas produzcan otros productos, pero ¿podrán cuidar a un niño, a un anciano, o enseñar? Asimismo, hay todo un grupo de profesiones que se han beneficiado mucho del desarrollo de la computación. Es muy probable que la emergencia de maneras más poderosas de computación suponga la aparición de nuevas ocupaciones ahora inimaginables que supongan nuevas fuentes de empleo.

¿Quiénes se podrán beneficiar? Sin duda, se trata de preguntas muy importantes.

Quizá una máquina las podrá contestar pronto.

Japón es un país con muchísimas máquinas, es uno de los líderes mundiales en robótica y el máximo exponente en videojuegos. La sociedad japonesa se sustenta en un consumismo increíblemente brutal. Esto provoca que el ahorro familiar japonés sea mucho menor que en otros países del primer mundo, y la proporción en ventas de productos japoneses con respecto a extranjeros es muy elevada. 
 

La máquina expendedora es una máquina que proporciona aperitivos, bebidas, golosinas y otros productos a los consumidores. Se trata de vender sin la presencia de un dependiente para cobrar los artículos. Periódicamente un empleado repone el producto y recoge el dinero en forma de monedas o, menos habitualmente, billetes; a veces también se puede pagar con tarjeta monedero, tarjeta de crédito o teléfono móvil. Las posibilidades de las máquinas expendedoras son amplias. Normalmente suelen vender refrescos, café, comida, chucherías, etc. Pero también existen modelos diseñados para vender prensa, libros, sellos de correos, billetes del transporte público, bebidas alcohólicas, cigarrillos de tabaco, también son frecuentes, en las oficinas que atienden al público, las máquinas expendedoras de un impreso pequeño con el número de turno del solicitante.
 





Inovación y crecimiento de maquinas vending