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La Escherichia coli, también conocida como E. coli, es una bacteria que se encuentra comúnmente en el sistema digestivo de los seres humanos y animales de sangre caliente. Debido a su alta presencia en el intestino, la E. coli se utiliza como el indicador principal para detectar y medir la contaminación fecal en la evaluación de la inocuidad del agua y de los alimentos. Consideradas comensales inofensivos,  las cepas de E. coli constituyen alrededor del 1% de la población microbiana normal del intestino. Si bien la mayoría de las cepas dentro del intestino son agentes patógenos gastrointestinales beneficiosos para el ser humano, otros son perjudiciales. Las E. coli patógenas se distinguen de otras E. coli por su capacidad de provocar graves enfermedades como resultado de su información genética para la producción de toxinas, capacidad de adhesión e invasión de células huéspedes, interferencia con el metabolismo celular y destrucción de tejidos. 

Hemos adoptado nuevos hábitos saludables, muchos por moda, publicidad o por recomendación de algún amigo. Lo que nos pone a pensar sobre los beneficios del agua alcalina, ¿en realidad es milagrosa? La popularidad que ha alcanzado este tipo de agua ionizada ha hecho que consumamos agua con un pH alto, sólo porque creemos que vamos a obtener un beneficio. Del cual ni estamos completamente seguros.
 
Las marcas de agua alcalina afirman que consumir agua con un pH alto puede prevenir el cáncer y otras enfermedades importantes. La teoría proviene de que el agua alcalina puede combatir los radicales libres, elimina toxinas y favorece significativamente a nuestro cuerpo. Lo cierto es que hasta la fecha no existe un estudio científico que demuestre al 100% los beneficios del agua alcalina en la salud.
 
Pero ¿qué es el pH?... El pH es la escala de medición para las moléculas de Oxígeno e Hidrógeno con carga eléctrica presentes en una sustancia líquida. Éste determina el nivel de acidez o alcalinidad de un líquido, que va del 0 (máxima acidez) al 14 (máxima alcalinidad). El agua alcalina es muy rica en oxígeno y tiene un pH elevado superior a 7. Actualmente podemos encontrar marcas de agua alcalina con un pH de 7.3 como la Fiji, un pH de 7.8 en la Smart Water, un pH de 8.9 en la Icelandic, y hasta un pH de 10 en la Alkalife Ten.
 
Nuestro cuerpo ya cumple con la tarea de balancear nuestro pH a través de los procesos de desintoxicación y eliminación de desechos. Pero la mala alimentación, el exceso de alimentos procesados, azúcares y almidones, provocan un exceso de acidez en la sangre, que hacen más difícil a nuestro cuerpo mantener un pH adecuado. El objetivo de alcalinizar nuestro cuerpo es para contrarrestar la acidez en nuestra sangre, pero no es suficiente con tomar agua alcalina para lograr un equilibrio. En cambio, una dieta balanceada con más alimentos alcalinos, como frutas y verduras, y una buena hidratación puede mejorar nuestro pH. 
 
Es importante mantener un equilibrio en el pH de la sangre, ya que un nivel de acidez alto te predispone más a las enfermedades de manera considerable. Por lo que es vital para la salud contar con un pH ligeramente alcalino, de 7.35 y 7.45, para la correcta producción de energía, reparación de células, así como la absorción de nutrientes y minerales esenciales. El nivel de acidez o alcalinidad en nuestro cuerpo también se puede medir a través de la orina. Actualmente existen unas tiras reactivas que ayudan a calcular nuestro pH. 

 

Si decides incluir agua alcalina a tu régimen saludable, busca cómo complementarlo. Pregúntale a tu médico o nutriólogo que puedes añadir y/o quitar para lograr una alcalinización correcta. Recuerda que siempre hay que tener un equilibrio. ¡Elige bien!

Una serie de estudios ha puesto por delante la teoría de que el trabajo producido por humanos será sustituido por máquinas cada vez más inteligentes, lo que conducirá al ser humano a la irrelevancia. ¿Quién no ha oído hablar de los coches que se auto-conducen, las máquinas que diagnostican enfermedades o incluso los robots que identifican emociones? ¿Es el progreso de la inteligencia artificial el fin de la inteligencia humana? En otras palabras, ¿será el último invento que tendrá que realizar el ser humano una máquina más inteligente que el más listo de los humanos, para que ésta pueda seguir inventando a futuro?Aunque muchos de estos estudios tienen visos de ciencia y economía-ficción, todos ponen de manifiesto las implicaciones que estos fenómenos pueden tener para el devenir de nuestras sociedades. Así, por ejemplo, dependiendo de si las máquinas son capaces de sustituir solo al trabajo poco calificado, calificado o todo el trabajo, se darán consecuencias distributivas distintas, pero en todos los casos presumiblemente de gran magnitud, por lo que los países deben ir preparándose. Hasta ahora, la máquina ha sido capaz de sustituir un montón de personas en trabajos rutinarios llevando a algunas profesiones casi a su extinción. ¿Quién se acuerda hoy de los operadores telefónicos o los mecanógrafos? Pero lo que pronostican Brynjolfsson y A. McAfee en su último e influyente libro La segunda era de las máquinas es que este proceso se acelerará a futuro. Así, no solo personas con trabajos rutinarios y/o de baja calificación, sino muchos trabajadores calificados (traductores, analistas de datos, gestores...), serán potencialmente reemplazados por máquinas. Existe un vigoroso debate acerca de cuán factible es ese escenario. Un aspecto importante es si el hecho de que el sector de la computación esté aumentando su capacidad de forma exponencial se traducirá en cambios en el agregado de la economía. Un ejemplo histórico ayuda a entender este fenómeno: a finales del siglo XIX, la producción de velas era un sector importante para la economía, mientras que cien años después la producción de iluminación se convirtió en un sector con un peso casi irrelevante. ¿Por qué? Porque la capacidad de iluminar ha crecido muchísimo pero la demanda de productos de iluminación no se ha incrementado al mismo ritmo. Ese fue un proceso que también sufrió -y en muchos países sigue sufriendo- la agricultura. Dado que el sector agrícola es capaz de producir mucho más que en el pasado, se necesita menos gente para alimentar a las sociedades, gente que puede trabajar en otros sectores. De acuerdo con estos ejemplos, la pregunta entonces es si el sector de la computación tendrá más o menos relevancia en el futuro. Relacionado con lo anterior, otro aspecto importante a considerar es qué tan rápido están ocurriendo estas transformaciones y qué peso tienen ya en la economía en su conjunto. Si bien los ejemplos son muy sugerentes, los datos en el agregado no muestran todavía un cambio importante en el crecimiento de la productividad, quizá porque aún suponen una parte pequeña de las economías. Qué tan rápido ocurra el cambio a futuro determinará la capacidad de las sociedades de ir ajustándose a estos procesos. Finalmente, quizá el aspecto más importante a resaltar y difícil de predecir es hasta qué punto las máquinas serán complementarias o sustitutivas del trabajo y para qué tipos de trabajo. Hasta la fecha, la inteligencia artificial ha sido capaz de suplir muchos trabajos rutinarios, pero no ha podido sustituir muchos trabajos en el sector servicios (ej. salud, cuidado de infantes y adulto mayor, maestros y profesores) cuyo peso relativo en empleo ha crecido. Es fácil imaginar un futuro donde las máquinas produzcan otros productos, pero ¿podrán cuidar a un niño, a un anciano, o enseñar? Asimismo, hay todo un grupo de profesiones que se han beneficiado mucho del desarrollo de la computación. Es muy probable que la emergencia de maneras más poderosas de computación suponga la aparición de nuevas ocupaciones ahora inimaginables que supongan nuevas fuentes de empleo.

¿Quiénes se podrán beneficiar? Sin duda, se trata de preguntas muy importantes.

Quizá una máquina las podrá contestar pronto.

La aparición del papel moneda no tiene una ubicación histórica específica aunque sus inicios se adjudican a los chinos. Durante los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX, en varios países se suscitaron los primeros intentos de usar un papel moneda tal y como se conoce actualmente. En el caso particular de México, se pueden situar sus inicios a principios del siglo XIX. 

 

Antecedentes del billete mexicano 

 

En 1810, un grupo de mexicanos comenzó una lucha armada para poner fin al dominio español en la Nueva España. La guerra por la Independencia de México inició con el grito de Dolores el 16 de septiembre de 1810, y finalizó el 27 de septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Cuando esta lucha terminó, el orden político y social del Virreinato de la Nueva España quedó trastornado. 

 

Durante la guerra de Independencia, muchos españoles regresaron a su país y los que se quedaron en la Nueva España, escondieron sus fortunas. Las minas que continuaban abiertas fueron saqueadas y su producción se redujo tanto por los trabajadores que se unían a las tropas insurgentes como por los ataques de los oponentes. Además, se redujeron las conductas de plata (traslado) que iban de los Reales Mineros a la ciudad de México por la inseguridad de los caminos. Todo esto provocó una profunda crisis económica y un desabasto de monedas metálicas. 

 

Debido a la necesidad de contar con un medio de pago, surgieron una gran cantidad de monedas de necesidad, llamadas así porque se fabricaron para aliviar la necesidad de circulante que existía. Algunas de estas monedas eran de oro pero en su mayoría fueron de plata y cobre. También aparecieron unas curiosas piezas de cartón que fueron emitidas en San Miguel el Grande, Guanajuato. Estaban escritos a mano con tinta negra, tenían denominación de medio real (moneda de la época) con fecha de julio o agosto de 1813 y contaban con las firmas de “González”, “Malo” y una tercera ilegible. Se cree que estas firmas pudieron pertenecer a comerciantes, funcionarios u oficiales. Los estudiosos reconocen estas piezas como el antecedente más antiguo del billete mexicano. 





Inovación y crecimiento de maquinas vending