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Ir al McDonald’s en Madrid, Nueva York o cualquier parte del mundo suele ser una experiencia parecida: pides un menú, pagas y te lo comes. En China es igual... pero distinto. Más allá de unos sabores no tan parecidos a los habituales, la forma de pagar es totalmente diferente. En España (y en el mundo occidental) hay dos maneras de pago claras: efectivo o tarjeta. En el gigante asiático casi nadie utiliza ya el plástico. ¿Y entonces, cómo pagan? Obviamente, con el móvil. Pero no con parafernalias como las NFC, pegatinas en la parte de atrás del móvil, ni nada parecido. La herramienta más usada es WeChat Pay, una aplicación mediante la que con tan solo introducir los datos de una tarjeta de crédito se puede tanto pagar como cobrar cualquier cantidad.
 
WeChat pertenece a Tencent, el gigante tecnológico chino que ya ha superado a Facebook en capitalización con un valor de 500.000 millones de dólares. Es el Whatsapp, el Facebook, el Uber, el Tinder y el Skype chino, unidas en una sola app. WeChat se utiliza tanto para mandar mensajes instantáneos como para subir tus opiniones al muro o compartir fotos. Además, permite coger taxis con Didi (el Uber Chino) y hasta ha creado un espacio para ligar parecido a Tinder. Además de estas posibilidades, la revolución de WeChat llegó con la aparición de WeChat Pay responsable de los pagos desde el móvil.
 
Esta empresa china desconocida en occidente se posiciona como el rival directo de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley. “Es indudable que Tencent se ha convertido en uno de los grandes, y que su prioridad sea la expansión fuera de China es solo cuestión de tiempo, aunque de momento no lo haya sido. Lo que no creo es que siga los mismos modelos de negocio y soluciones con los que ha tenido éxito inicialmente, demasiado vinculado a la situación particular de China. Pero sí creo que desarrollará otras estrategias y aprovechará aquellas fortalezas tecnológicas que tengan sentido en otros mercados”, explica Fernando Cuenca, director de tecnologías emergentes en Minsait by Indra.
 
Juan López, director de inversiones de Kibo Ventures, coincide en este punto. “Tencent se apalanca sobre un mercado muy grande, el chino, lo que le permite salir a otros mercados con mucha fuerza”, sostiene.
 
Cómo funciona
El procedimiento de pago es muy sencillo. Cuando alguien va a comer a un restaurante, saca su móvil, abre la aplicación y, con un lector QR, en un segundo se cobra la cantidad exacta sin comisiones y se evita ese tortuoso momento de dar las vueltas contando hasta el último céntimo o de rebuscar entre las innumerables tarjetas.
 
Unos avances que próximamente serán habituales en España. “Los bancos, las startups fintech y la grandes tecnológicas Apple Pay, Samsung Pay y Android Pay están intentando desarrollar soluciones que creen el hábito de pago desde el móvil en los usuarios”, comenta Víctor Arza, director de producto en Ironhack. El éxito de esta aplicación en China reside en su uso no solo para pagar en restaurantes de comida rápida. La confianza de los usuarios en este sistema ha generado que sea el método de pago habitual para cualquier tipo de transacción, desde transferencias entre amigos hasta compras de varios ceros. Según Statista, 469 millones de personas realizaron compras desde el teléfono móvil en 2016 solo en China.
 
Además de WeChat Pay existen otras opciones. Su mayor competidor es la creada por el Amazon chino, Alibaba, llamada Alipay. Por no olvidar las opciones que ofrecen los móviles como Apple Pay y Samsung Pay. Con todas estas posibilidades no extraña que, según cálculos de la consultora IResearch, las transacciones hechas con smartphones en 2016 en China rozaran los seis billones de euros. “En España la delantera la está tomando Coowry”, añade López, de Kibo Ventures. Esta startup madrileña ya ha obtenido un millón de euros en financiación y se posiciona como referente de los pagos vía móvil en nuestro país. Por su parte, Arza apuesta por Whatsapp. “Si no existen mayores sorpresas, WhatsApp Pay será la solución perfecta para los pagos móviles, ya que el hábito de uso está enormemente expandido en el país”.
 
Tencent, un gigante poco conocido en Europa
La compañía, que cotiza en el Hang Seng Index (la bolsa de Hong Kong), es famosa por WeChat y por los juegos para móviles y ordenadores. Su capitalización durante 2017 aumentó un 135% y ya solo la superan Apple, Alphabet, Microsoft y Amazon.
 
Las restricciones en China al uso de cualquier aplicación propiedad de Facebook o Google han restado competidores a Tencent y en particular a WeChat. Como consecuencia, esta app, apenas utilizada en Europa, ya supera en más de 167 millones de usuarios a Whatsapp (964 millones de la americana por 1.131 de la china), según datos de App Annie.
 
Una aplicación de mensajería instantánea que comenzó como una imitación china de Whatsapp, pero que con el paso de los años ha conseguido reinventarse. Arza comparte esa idea. “Copiar o hacer un producto que ofrezca beneficios similares no es muy complicado, todas las empresas lo intentan de alguna u otra manera. Sin ir muy lejos, el iPod, Uber, Airbnb, Google o Amazon son productos, servicios o modelos de negocios que no fueron inventados por estas empresas, aunque fueran ellas quienes supieron explotar la idea y consolidarla en el mercado. El producto no deja de ser solo una de las patas fundamentales del negocio, luego se necesita entender al consumidor y que el producto encaje en lo que este demanda. Y aún faltaría la estrategia de distribución, la promoción y el pricing”, señala.
 
Por poner el ejemplo de WeChat, está claro que el gigante chino Tencent supo ofrecer algo que los consumidores asiáticos valoraban más, lo que sumado al network effect lo posicionó como líder del mercado chino. A partir de la gran aceptación entre los usuarios del país, supieron ofrecer más valor a los usuarios con nuevos productos/funcionalidades que faciliten el día a día, como por ejemplo WeChat Pay”.
 
China no es España
El éxito de esta forma de pago en China es claro, pero detrás de este sistema tan innovador se esconden fuertes restricciones cuando se utiliza esta aplicación dentro del país asiático.
 
WeChat en China y WeChat en el resto del mundo tienen importantes diferencias. Las más claras no tienen relación con el dinero. Para poder usar en China cualquier red social habitual en el día a día de los españoles, como Facebook, Whatsapp, Instagram, Twitter o cualquier producto de Google es necesario utilizar una VPN. Sin embargo, mientras se utiliza la VPN, WeChat deja de funcionar. Además, si se quiere enviar ciertas palabras o frases escuchadas en la calle para criticar al Gobierno, la propia aplicación impide que el destinatario reciba el mensaje.
 
Estas ventajas han fomentado el crecimiento tan rápido de esta empresa, permitiendo una concentración de usuarios en una sola aplicación, situación muy diferente de la existente en el mercado europeo. “La tendencia es que, aunque existe gran concentración de usuarios en cada una de las plataformas, haya una gran fragmentación por cada tipo de servicio (mensajería, red social personal, profesional, de fotografías, ecommerce, market de apps...). Mi opinión como usuario es que debemos potenciar dicha independencia como limitación al poder que pueden conseguir estas plataformas, ya de por sí excesivo por el propio concepto de plataforma. También creo que el marco regulatorio debe velar por esta independencia, y en Europa tenemos la suerte de que existan protecciones frente a este tipo de situaciones”, añade Cuenca, de Minsait by Indra.
 
En el gigante asiático, el uso de la aplicación estrella también tiene restricciones económicas. Para utilizar WeChat Pay, es necesario tener una cuenta en un banco chino, una medida implantada para evitar que la app se convirtiera en una herramienta para sacar capitales del país.

Jack Ma es el creador de Alibaba, el gigante del comercio electrónico. Atravesó un sinfín de fracasos académicos y laborales, y los superó gracias al modelo de su héroe en el cine. Perseverancia y ambición del hombre que cobraba 20 dólares al mes y hoy lidera el selecto grupo de los hombres más ricos de China. Vio la película más de 10 veces. Cada vez que se siente frustrado, que el camino a transitar presenta dificultades, recurre al film. Encuentra inspiración en Forrest Gump. En el hombre, de escasas luces encarnado por Tom Hanks, que se convierte en héroe de guerra y en deportista consagrado. Antes de viajar a Nueva York, en 2015, para asistir al Foro Económico Mundial de Davos, la vio otra vez.
 
Inmiscuido entre trajes y gestos adustos, Jack Ma reconoció en una entrevista durante el Foro: "Me encanta Forrest Gump. Es una persona sencilla que nunca se rinde. La gente piensa que es tonto, pero él sabe lo que está haciendo. La gente debe tomarlo como ejemplo. Cuando lo vi, pensé: este es el hombre del que voy a aprender".
 
Forrest Gump se estrenó en 1994. Jack Ma, que hoy tiene 52 años, por ese entonces, navegaba entre fracaso y fracaso. Desde su adolescencia, Ma Yun -su nombre en mandarín- mostraba dificultad. Fue un pésimo estudiante. En la primaria, reprobó exámenes clave que pusieran en jaque su ingreso al nivel secundario. Lo logró, con penurias, y nuevamente la secundaria le costó.
 
Fiel a su costumbre, buscó la universidad más requerida del mundo. Harvard se volvió en su obsesión. Lo intentó una y otra vez. En el examen de ingreso, jamás tuvo éxito. Lo rechazaron 10 veces y eso decantó un cambio de rumbo. Al notar su facilidad con los idiomas extranjeros, volvió a su China natal -donde fue criado bajo el estricto régimen comunista- y se graduó en la Universidad Hangzhou en Letras Inglesas.
 
En el interín de su etapa universitaria, buscó trabajo. Su suerte, en ese momento, tampoco cambió. Rechazaron su solicitud de 30 empleos diferentes. Intentó ser policía y en la academia se burlaron de él. Entre 24 postulantes a un empleo menor en la cadena de comida rápida KFC, fue el único excluido. Una vez que consiguió trabajo en McDonald's lo echaron a los pocos días por no cumplir las expectativas. Desistir, para Ma, no era una opción.
 
Luego de tantos vaivenes, por fin consiguió un empleo estable. Ya recibido, comenzó a dar clases de inglés por 20 dólares al mes. El ingreso, irrisorio, no le permitía solventarse. Fue en 1994, el mismo año que se estrenó Forrest Gump, que Ma se comenzó a interesar por Internet. Vio un potencial negocio en ese entonces nicho. Por eso, fundó China Yellow Pages, una compañía destinada a crear sitios web a otras empresas que, a lo largo, de tres años, produjo una ganancia cercana al millón de dólares.
 
No contento con eso, Jack Ma quería más. En un viaje a Estados Unidos, una idea invadió su cabeza. Tras el intento fallido de encontrar su cerveza favorita, la Qingdao, en los bares norteamericanos, pensó que debería crear una empresa que estrechara comercialmente al mundo. Su plataforma sería Internet. El nombre de la empresa sería Alibaba, por su sonoridad mundial. El inconveniente: los inversores.
 
"No importa lo que hagas, independientemente del éxito o el fracaso, la experiencia es una forma de éxito en sí misma -repite hoy Jack Ma-. Tenés que seguir intentándolo, y si no funciona, siempre podés volver a lo que estabas haciendo antes". Bajo esa premisa, en 1999, reunió a varios de sus amigos. Los sorprendió con la osadía de la propuesta y consiguió un capital inicial de 50 mil dólares.
 
El living de su casa se transformó en la oficina. La nueva start-up que pretendía, en un principio, vincular fabricantes chinos con empresas internacionales bajo un método de calificación de vendedores, en los primeros tres años no funcionaba. Otra vez el fracaso lo azotaba. Sin embargo, la idea comenzó a convencer a los empresarios locales. Al poco tiempo, Alibaba se convirtió en el referente del mercado business to business.
 
Jack Ma -emblema de perseverancia y la ambición, el Forrest Gump de los negocios- apostó por más y conquistó también el mercado de las ventas entre particulares. Alibaba pasó a ser Alibaba Group. El entusiasta proyecto se volvió un gigante de Internet con ganancias anuales de 300 mil millones de dólares anuales. Su fundador pasó de cobrar 20 dólares al mes a ser el hombre más rico de China con un patrimonio de 21.8 miles de millones.

 

"No importa todo lo que haya cambiado en el proceso. Cada uno es quien es. Yo sigo siendo el muchacho que, 20 años atrás, ganaba 20 dólares al mes". Jack Ma no olvidó sus inicios. Al igual que Forrest Gump, su héroe y modelo, corre. Más allá de los fracasos, corre. Más allá de los éxitos, corre.

La máquina expendedora es una máquina que proporciona aperitivos, bebidas, golosinas y otros productos a los consumidores. Se trata de vender sin la presencia de un dependiente para cobrar los artículos. Periódicamente un empleado repone el producto y recoge el dinero en forma de monedas o, menos habitualmente, billetes; a veces también se puede pagar con tarjeta monedero, tarjeta de crédito o teléfono móvil. Las posibilidades de las máquinas expendedoras son amplias. Normalmente suelen vender refrescos, café, comida, chucherías, etc. Pero también existen modelos diseñados para vender prensa, libros, sellos de correos, billetes del transporte público, bebidas alcohólicas, cigarrillos de tabaco, también son frecuentes, en las oficinas que atienden al público, las máquinas expendedoras de un impreso pequeño con el número de turno del solicitante.
 

El oro ha llamado la atención del hombre desde los tiempos más primitivos. Prácticamente todos los pueblos y culturas lo han conocido sea porque lo descubrieron en sus territorios o como producto de intercambio. En América, la metalurgia y la orfebrería del oro en tiempos precolombinos, alcanzó niveles excepcionales. Basta con visitar algunos de los “Museos del Oro” de Colombia, Ecuador y Perú. El rescate de Atahualpa, la leyenda de “El Dorado” y más tarde el oro de los jesuitas, constituyen algunas de las páginas notables de lo que significó el oro en América.
 





Inovación y crecimiento de maquinas vending